El Equipo Bogotá, presente en el Nacional de Patinaje sobre Hielo
Siete deportistas de la capital estarán presentes en este evento, probándolo como alternativa a futuro en pos de unos Jugos Olímpicos.
En el Día de la Mujer, presentamos la historia de esta joven bogotana, una dura del ciclismo, esposa, madre y empresaria. Toda una campeona.
Por Carlos A. Gracia B.
Periodista OAC-IDRD
Bogotá D.C, 8 de marzo de 2026.- No cabe duda que para ser deportista, ganadora, esposa, madre y empresaria, hay que ser toda una guerrera, una campeona. Y eso es lo que es, precisamente, una mujer ícono del deporte bogotano y colombiano: Camila Andrea Valbuena Roa.
Nacida el 18 de febrero de 1997 en el hogar de Julio Valbuena y Luz Marina Roa, y con un hermano, Cristian, Camila fue una niña inquieta, avispada, con curiosidad por todo, a la que le llamaba la atención la dedicación de su padre hacia la bicicleta, aunque don Julio, por dentro, llevaba la frustración no de haberse podido hacer ciclista profesional por no tener los recursos.
Lo veía madrugar y montar su “caballito de acero”, y eso le gustó, lo admiraba. Por eso, cuando ella aprendió a montar bicicleta a los 8 años, y le propuso salir a rodar los domingos, a él le encantó la idea. Así fueron pasando un par de años, y Camila ya rodaba todos los días; como don Julio era amigo del profesor Marco Tulio Ruiz, llevó a su hija al velódromo, el entrenador le dio las bases para sus primeros pasos en la pista, le enseñó a montar bien en la bici y a manejar el velódromo como tal.
“Luego ya un día entrenando me encuentro al profe Absalón Rincón, quien es la persona que me formó a mí como deportista en disciplina, en muchas cosas. Y eso siempre se lo voy a resaltar y se lo voy a reconocer, porque él, me indujo a la ruta y con su exigencia, con su forma de ser, me formó a mí como ciclista y como la deportista que hoy en día soy”, sostuvo Camila.
Estudiaba hasta las 3 de la tarde y de ahí salía y cogía un bus hacia el velódromo, y eso le gustaba. Desde pequeña fue muy disciplinada, no han tenido que infundarle que debe ir a entrenar, o que debe levantarse.
“Creo que eso me ha caracterizado y eso ha sido lo que me tiene hoy acá. La disciplina siempre ha sido algo muy estricto para mí, tengo que cumplir y tengo que hacerlo bien. Es lo que yo quiero. Creo que es una buena mentalidad ganadora y por eso estoy aquí, así así de sencillo, es una ley de la vida”, agregó.
Siempre ha estado en el Club Esteban Chaves, que ahora se llama Cronos. Ya dedicada en forma al ciclismo, supo que podía combinar pista y ruta, porque las pruebas de medio fondo en el velódromo y las de fondo en ruta, siempre han ido de la mano. Corría en pista, pero con la ruta se sostenía porque hay equipos de marca que pagan, en la pista no.
Esa medalla cambió todo
Camila comenzó a brillar a nivel local y nacional, y llegó a Selección Colombia. Y fe allí donde su vida cambió. El 10 de agosto de 2014 marcó un antes y un después en la vida de la familia Valbuena Roa. En Bogotá, en su casa, estaba la incertidumbre de lo que vendría porque muy lejos, al otro lado del mundo, en Gwangmyeong, Corea del Sur, Camila Andrea participaba con Colombia en el Campeonato Mundial Juvenil de Ciclismo en Pista.
Ese día, Camila corría la prueba por puntos. Estaba nerviosa para afrontar los 60 giros (20 kilómetros), pero el entrenador John Jaime González la sacó de ello y le dijo que fuera con todo; al comienzo de la carrera estaba igual, pero González la braveó y la gritó que ella podía. Camila reaccionó y en un esprint siguió de largo con la japonesa Yumi Kajihara y lograron tomar vuelta, ganando 20 puntos adicionales, que lograron defender y mantener hasta el final de la carrera, donde la bogotana estuvo mejor en el embalaje.
Camila sumó 49 puntos y se quedó con la medalla de oro, seguida por la japonesa Yumi Kajihara con 41 (plata), la australiana Josie Talbot con 22 (bronce), la italiana Rachele Barbieri y la rusa Olga Okhimenko con 10.
Recuerda sus primeros triunfos en los eventos distritales y luego en los nacionales. Después con Selección Colombia. Pero, el más especial, esa medalla de oro mundial.
“Me parecía un sueño, no me la creía. Y luego me dije, lo logré, mis sueños empiezan a hacerse realidad. De aquí para allá, quiero más. Y efectivamente, a medida que tú vas cumpliendo tus sueños, te vas enfocando en otros, y quieres más, reitero. Creo que eso hace parte del crecimiento”, dijo.
Y prosiguió su relato: “es una sensación indescriptible y finalmente un título que me va a quedar en la vida por siempre. Tenía mucha felicidad, sentimientos encontrados y el orgullo de poder escuchar el himno de mi país, es algo inolvidable. Todos me felicitaban. Yo pensé en mi familia, en mi papá, que ha sido mi bastón en mi carrera, junto a mi mamá. Él tampoco se la creía, estaba feliz poque mi triunfo era suyo, lograr lo que no pudo él como ciclista. Fue algo que lo hizo llorar de alegría, creo que la felicidad de él es algo enorme, celebramos juntos y disfrutamos de todo el trabajo que se hizo en equipo, porque eso es un equipo. Lloramos de felicidad. Me abrazó fuerte, eso es el orgullo de un padre, creo que no tiene palabras. Con su mirada y sus lágrimas de felicidad me lo dijo todo”.
Esta es Camila
Como deportista, en pista ha sido campeona distrital, nacional, mundial, medallista de oro, plata y bronce en campeonatos nacionales, Juegos Nacionales y Juegos Bolivarianos, mientras en ruta ha logrado ser medallista en campeonatos nacionales, ganar etapas en el Tour Femenino, Vuelta a Colombia Femenina, y ser campeona en la Vuelta a Boyacá 2021 y la Vuelta a Costa Rica en 2025.
Y como mujer, siempre fue buena estudiante y supo alternar deporte con estudio. Dice que en su casa nunca fue negociable dejar el estudio por el ciclismo. Por eso terminó su bachillerato y le fue bien. No tenía materias preferidas, a todas les dedicaba igual, pero Física si era su dolor de cabeza. Y en el examen del ICFES le fue muy bien. Además, hizo cursos de inglés.
“Soy esposa de otro deportista, Wílmar Paredes (ciclista también), una mamá muy orgullosa, tengo dos hijas; una niña de siete años (Victoria) y otra de dos (Isabela). Creo que este rol es el que me impulsa a mí a diario a hacer las cosas de la mejor manera; nos enfocamos en prepararnos de la mejor forma para hacer que todo el sacrificio que hacemos valga la pena. Nosotros junto con mi esposo creamos una empresa de suministros y materiales de construcción. Y hemos hecho crecer esa empresa poco a poco y creo que ese será el futuro de nosotros”, aseguró Camila.
Camila debe multiplicar su tiempo para hacer todo lo que debe. “Esto es un equipo de trabajo, nuestros padres han sido promotores en todo este proceso, nos han ayudado, nos han apoyado, el corre corre del día a día, me lo disfruto, ¿sabes?. O sea, para mí, mis hijas han sido lo más lindo que la vida me ha regalado, y son el motor que me impulsa cada día a levantarme de la cama, a esforzarme, y pues cuando nos vamos a las carreras obviamente es duro, pero nos vamos con la mentalidad de hacer que ese sacrificio valga la pena, de algún modo. No es fácil el día a día, no es fácil el corre corre, pero como te digo, cuando se quiere se puede, y nos lo disfrutamos al máximo”.
Camila y Wílmar tratan de ser padres presentes en todos los sentidos, no se enfocan solo ellos, quieren infundarles a sus hijas el tema del deporte, la disciplina, el estudio; por eso sus tiempos libres tratan de dedicárselos a ellas llevándolas a patinaje, al curso de inglés, al colegio, al parque; “tratamos de que el tiempo libre que tenemos sea tiempo de calidad”.
De rapidez
-A hoy, ¿cómo analiza lo que ha sido su carrera?
“Ufff, qué te puedo decir. Hemos conseguido muchas cosas, pero creo que aún nos quedan otras muchas cosas pendientes, hay muchas personas detrás de esto. Siempre hemos contado con el apoyo del IDRD, yo creo que desde que soy prejuvenil puedo decir que tengo una ayuda económica de Bogotá IDRD. John Jaime González, que es el seleccionador nacional, ha sido mi mentor, creo que es mi entrenador y es la persona que me transmite toda la confianza del proceso que se ha llevado”.
-¿Tiene algo en mente que le falta por cumplir, como ir a los olímpicos, o correr un Tour de Francia femenino, un Giro de Italia Femenino?
“Claro. Quiero ser top 10 o top 5 en una carrera de esas, carajo (risas y emoción), y eso para mí sería un logro espectacular. Claro que sí, nos centramos en poder ser parte de una olimpiada, ¿por qué no? Para eso trabajamos muy duro día a día, creo que el sueño de todos es poder estar allá en algún momento, hacer buenos papeles en campeonatos del mundo, y bueno, creo que a medida que van apareciendo las carreras nos vamos centrando en ello”.
-¿Cómo se siente volver a correr con un equipo propio del IDRD?
“Muy bien. Realmente cabe resaltar que Bogotá y el IDRD están haciendo un esfuerzo bastante grande, que es un orgullo para nosotros después de tantos años que haya nuevamente un equipo 100% bogotano, que le estén metiendo la ficha a tenernos en las mejores condiciones. Y con una gran entrenadora como Rocío Parrado, a quien conozco hace años. Creo que ya iniciamos esta temporada 2026 dando de qué hablar, midiéndonos contra las rivales más fuertes, y bueno, esperamos que este sea el inicio de una gran temporada, y también el inicio de una preparación a Juegos Nacionales 2027 estupenda, donde esperamos recoger lo sembrado. Gracias al IDRD por ese gran apoyo siempre”.
Esa es Camila Andrea Valbuena Roa, toda una campeona, la que no le come cuento a las dietas y come normal, la que ama los mariscos y el ceviche, la que come lo que sea donde sea cuando toca porque no hay de otra (“en Corea, no sé ni qué comí, pero tocaba alimentarse, ja ja ja”), la que no come postres, que gusta de vez en cuando una copa de vino, la que escucha todo tipo de música menos el rap, la que es muy sentimental a pesar de que se hace la fuerte, la que cree en Dios porque él todo lo puede. Es una dura de la bicicleta, una guerrera de la bici.
OFICINA ASESORA DE COMUNICACIONES IDRD – BOLETÍN 721
Siete deportistas de la capital estarán presentes en este evento, probándolo como alternativa a futuro en pos de unos Jugos Olímpicos.