Equipo Bogotá a París 2024: Un milagro llamado Lina Licona

Lina Licona. Foto IDRD.
  • Después de estar a las puertas del retiro por una grave lesión, esta atleta se aferró a su fe y a su deseo de volver a correr. Hoy, disfruta de estar clasificada a los Juegos Olímpicos.

Bogotá, 3 de julio de 2024.- Dicen que la fe mueve montañas y que los milagros existen. Por su experiencia personal, Lina Esther Licona Torres puede decir sin duda alguna que estos adagios son muy ciertos. Cuando nadie apostaba por ella, hoy está clasificada a la máxima cita del deporte mundial: los Juegos Olímpicos.

No es para menos. Hace tres años y medio, en noviembre de 2020, esta atleta velocista del Equipo Bogotá estuvo a las puertas del retiro. Durante una competencia en Quito, Ecuador, sufrió la ruptura del tendón de Aquiles, una lesión que prácticamente sentencia la carrera de cualquier deportista. Todo indicaba que el destino de Lina era retirarse. Incluso, lo único que pedía era volver a caminar bien.

Un calvario

Apenas tuvo la lesión, las cosas se complicaron porque pudieron operarla dos meses después de la ruptura. El panorama era oscuro y el fantasma de la retirada rondaba en su mente y en la de quienes la rodeaban.

Sin embargo, su gran fe y la del cirujano los llevaron a decir “vamos por ese milagro”. Lina puso todo su empeño y el médico su conocimiento y pericia para dejarla como nueva. La operación fue ardua y extenuante, y luego comenzó el calvario de la recuperación.

“Recuperarse de esa lesión no es fácil. Tuve un trabajo psicológico muy grande para lograr lo que he conseguido ahora. Esto es un milagro, porque nadie, ni los médicos, daban algo por mí. Duré más de dos meses con el Aquiles roto y me daban por retirada”, dijo Lina, casi entre lágrimas.

Y agregó: “Estoy muy agradecida con Dios. Solo él y mis seres más cercanos saben lo que viví, mi sufrimiento y lo que padecí. Me ayudaron a superar eso, incluso cuando pensé en retirarme. Solo pedía quedar bien tras la operación, al menos volver a caminar bien, y de ahí en adelante todo sería ganancia. Pero no soy de las que se rinde fácilmente. Le pedí a Dios su ayuda, me propuse salir adelante y ahora veo los resultados...”.

Echada p’alante

Nacida el primero de octubre de 1998, Lina Licona es oriunda del corregimiento de Boca de La Ceiba, cerca de Montería, y es hija única de John Jairo Licona y Sandra Torres.

Fue una niña inquieta, muy activa y bastante independiente, aunque siempre respetuosa de las normas de la casa. En 2004, su familia se trasladó a Bogotá en busca de un mejor futuro.

Para mantenerla ocupada y canalizar su energía, sus padres la vincularon a una escuela de patinaje de carreras, donde estuvo algunos años y le fue bien. Sin embargo, en una actividad atlética le vieron sus dotes de velocista y la invitaron a probarse, cambiando así su vida.

De la mano del entrenador Leonel Gómez, quien la formó, empezó a correr y a abrirse camino en ese difícil mundo, sabiendo que tenía futuro. Hace siete años, buscando desarrollarse más como deportista, pasó a manos de Mauricio Hernández, con quien ha conseguido sus mejores logros. Además de ser su entrenador, Mauricio es su amigo y confidente, al igual que su pareja Evelis Aguilar, también amiga de Lina.

“Con Mauricio llevamos siete años trabajando en la pista de la UDS. Ha sido un proceso duro, con altas y bajas, pero estoy feliz y orgullosa de lo que hemos logrado. Él fue mi soporte durante mi lesión y gracias a Dios pude volver. Es mi entrenador, muy exigente, pero también mi amigo. Hemos sabido separar las dos cosas y ahí vamos, consiguiendo los mejores logros”, indicó Lina.

También dijo: “Quiero mucho a Mauricio. Ha sido el artífice de lo que soy. No lo voy a cambiar, todo lo que soy se lo debo a él. Es estricto, pero sabe lo que quiere y lo que uno tiene, y lo explota al máximo. Evelis es mi mejor amiga, una persona humilde y un ser humano maravilloso. Compartimos mucho, celebramos nuestros triunfos y nos aconsejamos…”.

Lina ha sabido combinar el deporte con su actividad académica. Se graduó de bachiller en el Instituto Tecnisistemas y ahora está dedicada al atletismo de lleno. Quiere estudiar cocina, pero eso requiere tiempo completo presencial, y de momento no lo hará. Sin embargo, planea estudiar algo relacionado con el deporte el próximo año, ya que le gustaría también ser entrenadora.

Su hijo Eliam, de 7 años, es su todo, su motivación, por quien ella corre y trabaja. Sus padres la ayudan con él mientras está en concentraciones, viajando o compitiendo. Cuando clasificó a París, lloró mucho de alegría, porque era el premio a todo su esfuerzo y una manera de superar de una vez por todas la pesadilla que vivió. El momento del encuentro fue muy emotivo: el niño la abrazó, lloraron juntos, él le tomó el rostro con sus pequeñas manos y solo le dijo: “te amo, mami…”.

Le gusta dormir mucho y escuchar toda clase de música, lo que la relaja y la conecta para entrenar y correr. Se considera un poco tímida, pero ha mejorado mucho en eso.

No pensó que iba a hacer la marca en Quito; sabía que estaba cerca de conseguirla, pero no allá... creía que sería en Cali en el Nacional. “Pero se dio, salió bien allá y disfruté ese momento. Quito es como Bogotá, entonces la altura no me afectó”, comentó.

Lina tiene claro que su prueba es muy exigente y lo dice sin dudar: “Los 400 metros son una prueba muy dura, de mucho trabajo. Todos los días se aprende y hay que trabajar mucho la resistencia a la velocidad, porque son 400 metros a toda. Por eso dicen que los que corremos 400 metros tenemos algo en la cabeza, somos algo locos, porque es mucho ácido láctico el que sacamos en ese lapso”, dice riendo.

Esos 50.83 segundos de su marca personal en Quito marcaron su vida. Podrá mejorarlos, claro, pero seguirán vigentes por siempre porque con ellos movió la montaña de no poder volver a correr, y se le hizo el milagro de clasificar a los Juegos Olímpicos de París 2024.

Carlos A. Gracia B. Periodista 

OFICINA ASESORA DE COMUNICACIONES IDRD