Equipo Bogotá a París 2024 (III): Natalia Linares… al son que me toquen salto

Natalia Linares
Natalia Linares. Foto IDRD
  • Alegre, buena conversadora, muy exigente con ella misma, competitiva y amante del vallenato. Así es esta atleta cesarense que compite por Bogotá y va con todo a los Juegos Olímpicos.

Bogotá, 2 de julio de 2024.- En sus ratos libres —los pocos que le quedan—, no duda en irse a su natal Valledupar, específicamente a dos cosas: compartir con sus seres queridos y adentrarse en la ribera del río Guatapurí, para olvidarse del mundo —como dice—, recargarse de buena vibra e inyectarse la mejor energía para volver con todo a su diario vivir.

Es una guerrera, nacida para ganar (Valledupar, 3 de enero de 2003). Apenas dio sus primeros pasos, sus padres Yanely González y Éder Linares notaron la hiperactividad y lo despierta que era su pequeña Natalia Carolina, por lo que empezaron a impulsarla a hacer bastante ejercicio y quemar energía.

Esa vena deportiva era obvia: ella fue basquetbolista y él futbolista —por eso Natalia es hincha del Junior—. Heredar esa vena se tradujo en que cuando ingresó al colegio Gimnasio del Norte, donde la vieron correr, la llamaron a practicar atletismo de velocidad y, aunque le iba de maravilla, notaron que también le gustaba saltar a lo largo y lo hacía muy bien. Lo que más les llamó la atención a sus profesores era que a Natalia no le gustaba perder, era muy competitiva.

Ahí se gestó y nació la gran atleta que es hoy. Se empezó a forjar su carrera, apuntando aún más alto para cumplir todos los objetivos que se ha propuesto, por los que trabaja con una disciplina férrea y que la tienen hoy bien arriba, clasificada a los Juegos Olímpicos de París 2024.

Aunque su padre Éder los dejó cuando ella tenía cinco años, mantiene buena relación con él. Doña Yanely siguió luchando por sacar adelante a Natalia y a su hermano José David, quienes han sido siempre su soporte y gran apoyo. Fueron quienes la impulsaron a decidirse a irse a vivir a Santa Marta, donde trabaja de la mano de su entrenador Martín Suárez, quien la ha hecho crecer como deportista y la tiene hoy en la élite del salto largo en el mundo.

Natalia Linares
 
Efecto Caterín

Pero hay un punto decisivo que marcó su carrera. Empezó a destacarse y recibió una invitación para ir a Puerto Rico a entrenar una semana con Ubaldo Duani, quien preparaba nada más y nada menos que a su ídolo, Caterín Ibargüen. Natalia no lo podía creer, iba a estar con la deportista que más admira, trabajando con ella.

“Yo no me podía creer eso. Fui muy ilusionada, los conocí, compartí con ellos, fue algo muy especial. Recibí todos sus consejos, aunque ella era de triple salto y yo de longitud… pero la que me hablaba era Caterín, la campeona olímpica. La semana pasó volando, pero me agradó tanto y trabajé tan bien, que terminé quedándome tres meses”, dijo Natalia en medio de risas.

Una carrera prodigiosa

Aunque también hace velocidad, varios triunfos en salto de longitud han marcado la carrera deportiva de Natalia. Campeona nacional y suramericana juvenil, desde 2022 ha venido en ascenso y consiguiendo grandes cosas que, a sus 21 años, hacen presagiar un camino aún más exitoso.

Ese año “bajó bandera” con la medalla de plata en los Juegos Suramericanos de Asunción; luego fue campeona en los Juegos Bolivarianos de Valledupar con 6.79 metros y récord nacional; y subcampeona en el Campeonato Mundial Sub-20 en Cali. En 2023 ganó la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador con 6.86 metros —su marca personal—, clasificando además a los Juegos Olímpicos de París 2024. Y luego volvió a ser oro, esta vez en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile con 6.66 metros.

Natalia y su entrenador Martín Suárez optaron por buscar nuevos aires para mejorar sus posibilidades. Tras algunas charlas, se vincularon a la Liga de Atletismo de Bogotá y al IDRD, gracias a su amistad con Paulo Villar, samario también, quien preside el ente rector del atletismo de la capital.

“Estoy muy feliz de pertenecer a la Liga de Bogotá, al Equipo Bogotá y al IDRD. Es un cambio de 180 grados, me recibieron con los brazos abiertos. Desde el inicio siempre han estado muy pendientes de todo. Desde que hablamos con Paulo todo ha ido muy bien, porque estamos hablando de Bogotá, de una gran organización deportiva, que nos va a permitir crecer cada día”, sostuvo Natalia.

Aunque su residencia habitual está en Santa Marta, viene periódicamente a hacerse exámenes, controles y a entrenar, porque sabe que le beneficia mucho. “No es un mito. El que entrena en la altura tiene mucho que ganar, en técnica, en la parte de oxigenación. La altura nos ayuda muchísimo a mejorar en los saltos, pero seguiremos trabajando a nivel del mar y solamente vendremos a Bogotá en ciertos momentos requeridos por el entrenador”, expresó.

Otro aspecto que Natalia resalta del trabajo conjunto entre la Liga y el IDRD es que da una oferta increíble al deportista, “porque no solo te apoya en tu proceso deportivo, sino también en tu crecimiento personal. Lo preparan a uno para cuando llegue el fin de su carrera deportiva, y le dan alternativas para ser entrenador o estar vinculado al sistema”.

Natalia se ha venido preparando con todo para París 2024. Estuvo en Europa y en Suramérica. Y tiene claro lo que quiere, porque sabe que le quedan varios Juegos Olímpicos por delante.

Un salto rápido

La mentalidad de Natalia es fuerte, sabe que los esfuerzos valen la pena. Como ella dice, “la gente cree que es soplar y hacer botellas. Los deportistas somos masoquistas, nos cohibimos de mucho en nuestra juventud con tal de ser los mejores. La gente no se imagina lo que uno tiene que hacer, comer, aguantar, sacrificar y de lo que tiene que privarse para ser uno de los mejores. Pero vale la pena. Y si me preguntas si volviera a nacer volvería a ser deportista, te digo que sí, que lo volvería a hacer, tres mil veces lo volvería a hacer”.

Así es Natalia Carolina Linares González. Alegre, siempre sonriente, habladora, buena onda, esa a la que en sus escasos ratos libres le gusta leer mucho —está con “Las Mil y Una Noches” en este momento—, o ver series de Netflix y películas de todo tipo, desde románticas hasta de acción. Esa a la que le llena el alma ir a la playa a entrenar a las 5:00 de la mañana en Santa Marta, o en diciembre ir a su Valledupar del alma a visitar a su familia, y volarse de vez en cuando a comerse unas deliciosas salchipapas, su mayor pecado.

Esa Natalia que ama el vallenato clásico de Los Hermanos Zuleta o Los Betos, o el romántico de Fabián Corrales o los de la nueva ola de Silvestre Dangond, porque le corre por las venas. Por eso lo escucha siempre, donde esté, hasta antes de competir, porque la relaja y la pone en sintonía de un buen augurio.

Esa que le gusta bailar salsa o champeta, la que sueña con lograr algo grande en París 2024 llegando a los siete metros, esa a la que su abuela aplaudía siempre y la animaba a seguir hasta llegar bien lejos, a una olimpiada; esa Natalia creyente, que entre lágrimas le pregunta a Dios por qué se llevó a su abuela precisamente unos meses antes de cumplirle su sueño de verla en los Juegos Olímpicos.

 

Carlos A. Gracia B. Periodista 

OFICINA ASESORA DE COMUNICACIONES IDRD