Logo INSTITUTO DISTRITAL DE RECREACIÓN Y DEPORTE

INSTITUTO DISTRITAL DE RECREACIÓN Y DEPORTE

Logo República de Colombia

Usted está aquí

Deportistas de la semana

Este pequeño de 12 años ganó dos medallas de oro para Bogotá en la Final Nacional de los Juegos Supérate. A este campeón, aunque el deporte lo apasiona, no le gusta el fútbol.

 

Por el peluquero

Hace cuatro años Alejandro le dijo a su papá –Javier Vargas-, que quería practicar algún deporte, donde aprendiera a ser disciplinado y a mantenerse de buena manera en todos los aspectos. Le manifestó que cualquier disciplina sería una buena opción, menos el fútbol. Sí, leyó bien, no le gusta el fútbol. Raro en un niño de su edad; pero él tiene otros gustos.

Empezaron a mirar opciones, y coincidió en que un día fueron a la peluquería, y hablando de ello, a padre e hijo les interrumpió el peluquero y les dijo que ahí cerca había un sitio donde enseñaban artes marciales y que él podía recomendarlos.

A Alejandro la ida le encantó, porque sabía que las artes marciales son sinónimo de disciplina, esfuerzo, concentración, exigencia y respeto por sí mismo y por los demás.

Fueron al sitio, en el barrio Gaitán; allí enseñaban taekwondo y judo. Hablaron largo y tendido con el entrenador Ómar Florido, quien no tuvo que hacer mucho esfuerzo para convencer al menor, porque tras escucharlo y ver una práctica que había en ese momento, Alejandro se inscribió en la academia e inició sus clases al día siguiente.

Del judo lo enamoró la elegancia, la estrategia, la técnica, la temática y la astucia que se debe tener en el combate para vencer al oponente. 

Ya metido en él, con el paso del tiempo, ese amor aumentó al vivir la camaradería que hay entre los competidores y entrenadores, porque como el propio Alejandro dice, “somos una familia, afuera somos amigos, compañeros, compartimos mucho. Adentro somos rivales, pero ahí queda, porque uno aprende a asumir su derrota, hay que tener honor en eso”.

Desde entonces, la disciplina es su constante porque tiene claro que quiere ser un gran campeón de judo, no solo en Colombia, sino en el mundo. Y que, para serlo, debe ser muy juicioso.

Rutina de disciplina

Su dedicación es plena y el sacrificio que hace es el máximo. Por eso su rutina de lunes a viernes es exigente y caracterizada por la disciplina. Pero a Alejandro no le importa. Él trabaja para ser el mejor.

Con la alegría de siempre, se levanta todos los días a las 5:30 de la mañana, se arregla, desayuna y se va para sus clases en el Colegio Rafael Bernal, donde cursa sexto grado. 

Allí le apasionan las ciencias y la biología, se defiende con las matemáticas, pero ‘le da en la cabeza’ el inglés. Por eso sueña con ser biólogo o científico, “porque quiero estar metido en un laboratorio descubriendo cosas”.

Apenas termina la jornada escolar y suena el timbre, la cara de Alejandro se ilumina. El judo lo espera. Sonríe y sale ‘volando’ del colegio a la una de la tarde, va a su casa en la localidad de Barrios Unidos a almorzar y reposa un momento mientras alista su indumentaria.

Sin importarle que son 15 minutos pedaleando por entre el difícil tráfico bogotano, agarra la bicicleta junto a su padre y su hermana menor Sara –quien también de judoca-, se van para el barrio Gaitán a entrenar durante tres horas.

Aunque regresa cansado, hace rápido las tareas del colegio, luego juega un poco con su hermana menor o en su tableta, para relajarse y distraerse; luego se va a acostar. Esa es su rutina de lunes a viernes; casi todos los sábados entrena y los domingos esporádicamente.

Por ese juicio y esa dedicación ganó esas dos medallas “que son un orgullo para mí, para mi familia, mi entrenador y por supuesto, para Bogotá, que es mi ciudad, a la que me siento orgulloso de representar”.

Además del judo, Alejandro es amante del ciclomontañismo, algo que también le apasiona mucho por su esfuerzo, por la camaradería del grupo con el que practica “y por esa sensación de libertad de que se tiene cuando se transita por los parques y bosques en los recorridos. Se olvida uno de todo. Es muy chévere”.

Y en sus ratos libres, Alejandro sale al parque a jugar con su otra gran compañía: su perrita Sasha, un ejemplar criollo que es su adoración por su lealtad y porque juega con él todo el tiempo. “Yo le lanzo una pelotica o un palito y ella lo trae, corre mucho.   nos divertimos. Ella hace mi vida diferente”.

A sus 12 años, Alejandro Vargas es el mejor de su categoría en judo. Sueña con ser campeón mundial y ser científico. Todo un ejemplo

Y se fue. Agradeció la entrevista y salió corriendo a jugar con sus compañeros, casi sin recordar que acababa de ganar dos medallas y que es el campeón nacional. Ese que sueña en grande en un deporte para gente disciplinada. Y Alejandro sí que lo es.

 

Carlos Gracia 

Periodista

OFICINA ASESORA DE COMUNICACIONES IDRD.

Más deportistas

 

 

 

OFICINA ASESORA DE COMUNICACIONES IDRD

Compartelo en