“Dejé todo por cumplir mi sueño”: Yenny Sinisterra

·         La halterofilista del registro del IDRD, le apostó a irse de su tierra y abandonar su pasado, para lograr su meta de ser campeona del mundo. Ya lleva dos títulos y sueña con ser campeona olímpica.

·         Lo que era una apuesta con sus amigos, que podía ganarles levantando más peso, la llevó a convertirse a sus 17 años en bicampeona mundial. Pero su historia no ha sido fácil.

 

Bogotá D.C., jueves 27 de abril de 2017 (IDRD).- Todos los días, mientras Anacleto Sinisterra salía madrugado a trabajar en los cañaduzales de Tuluá, Valle del Cauca, donde cortaba caña de azúcar, Elvia Torres, su esposa, acababa de dejarles todo listo a sus cinco hijos, antes de dirigirse a trabajar en un restaurante del municipio.

A los dos les tocaba trabajar para poderles dar lo necesario a sus muchachos y hacerlos personas de bien, a pesar de las dificultades económicas. Les inculcaron buenas y sanas costumbres, los hicieron echados para adelante y responsables.

Por eso se marchaban tranquilos. Y mientras ellos trabajaban, sus cinco hijos, entre ellos la inquieta Yenny, estudiaban, arreglaban la humilde morada y salían a jugar con sus amigos en las calles del barrio Villa Liliana.

 

Los comienzos

 

Sin pensarlo nadie, allí empezó a gestarse la hoy bicampeona mundial juvenil de levantamiento de pesas. En sus juegos de niños, por allá en 2011, Yenny y sus amigos no paraban de jugar a la lleva, escondite, etc. Pero también, ella apostaba con sus amigos al que pudiera hacer más cosas. Tenía un estado físico bueno.

Luego pasaron a hacer levantamiento de pesas por hobby, porque ella quería darse el gusto de ganarles y demostrarles que las mujeres también podían.

“Como entrenaba en su mayoría con niños, apostábamos plata, la gaseosa, el pan o la empanada, de que yo era capaz de ganarles a ellos. Y como siempre ganaba, ellos me decían ‘Uy Yenny cuídese, entrene mejor, más juiciosa, usted es muy buena para esto, tiene condiciones’. Y cosas así”, dijo.

“Yo aún dudaba -siguió contando-, pero cuando gané mi primera competencia oficial -hace como cinco años-, lo creí y me dije: bueno Yenny, vamos a entrenar con juicio, a tomarlo en serio. Vinieron varios eventos departamentales y salí campeona y ahí si supe que lo que quería era esto”.

Emocionada, continúa su relato. “Seguí entrenando con juicio y hoy estoy feliz, los resultados se han dado, ya tengo dos medallas de oro –(se toma la cara y dice “no me lo creo”)-. Ahora la responsabilidad es mayor, debo dar cada día lo mejor para superar lo que ya he hecho. Yo nací para cumplir mis metas”.

Yenny Sinisterra Torres nació el 4 de mayo de 2000 en Tuluá. Es la cuarta de cinco hijos de Anacleto y Elvia. Practica levantamiento de pesas porque le gusta y por tradición familiar, porque tíos y primos lo practican. Y es prima de Leidy Yesenia Solís, también del IDRD, medalla de plata en Beijing 2008.

Sus amigos la llaman ‘La Valiente’ por haberse atrevido, a tan corta edad, a dejar su casa, su tierra, su familia y amigos, para venirse a Bogotá a forjarse el camino hacia su sueño de ser campeona del mundo.

“La decisión de venirme para Bogotá me marcó. Mis amigos me dicen la valiente, por aventurarme tan joven a irme lejos, pero es que yo tengo claro lo que quiero… Para ‘mal’, pues me alejé de mi casa, de mis amigos, de mi mamá que es todo para mí… y me hacen mucha falta. Para bien, pues aquí he aprendido muchas cosas, en el colegio, de la ciudad, a conocer más gente, y con la profesora María Isabel muchas más cosas en lo técnico y deportivo. Y por mí misma, ha sido un paso importante en mi vida”.

Dejó en claro que agradece a sus entrenadores Aimer y Alejo Orozco “quienes fueron los que me descubrieron, me ayudaron mucho”. Hoy, registrada en el IDRD, entrena con la campeona olímpica María Isabel Urrutia y con Alicia Romero. 

“Estar acá sola me ha enseñado a ser más fuerte, a soportar todo. Los entrenos son muy duros, la profe nos ha hecho llorar porque ella dice que no quiere campeones nacionales únicamente, que ella quiere campeones mundiales. Por eso nos exige tanto… He ‘chillado’ y todo, pero voy, firme. Si estuviera en Tuluá digo no más y me voy para la casa donde mi mamá y me dedico a otra cosa”.

Pero también hubo algo que le impulsó a ello. La dura realidad de su Tuluá natal para los muchachos de su edad. Eso la pone mal.

“Mi mamá me cantaleaba mucho, que me cuidara y todo eso. Y me ha servido. Yo tenía claras mis metas, pero me da cosa cuando miro a mi Tuluá y veo amigas de mi edad y ya tienen dos hijos… imagínese. Ellas están más pendientes de la moda, del chico y otras cosas. Pienso que es mejor hacer deporte, arte, algo más productivo, hacerse su vida y luego si mirar qué quiere. Yo primero quiero estar organizada, cumplir todos los sueños que tengo, y ya cuando tenga una pareja estable, quisiera formar una familia”.

Por eso ella se vislumbra terminando el colegio, empezando una buena carrera (quiere ser fisioterapeuta o nutricionista) “y en las pesas ser campeona mundial de mayores y campeona olímpica”.

 

Una nueva vida

Un breve suspiro, su mirada hacia otro lado… luego se sacude de ese ‘trance’ y sus ojos dejan vislumbrar un par de lágrimas. Pero respira profundo y sigue hablando. 

“La fama lograda en las pesas por haber ganado varios eventos nacionales o internacionales, el hecho de ser reconocida y salir en noticias y televisión, no me ha hecho cambiar. Supe distribuir mi tiempo. Ahora, estoy aquí buscando cumplir mi sueño”.

Vive con una tía suya, el esposo de ella y dos primos. Pero a veces se extraña el abrazo de mamá, de los hermanos. “Pero mi hermana menor sí me hace falta, porque es mi amiga, mi confidente. Pero trato de sobre llevar eso”.

Estudia en el Colegio República de Colombia, los compañeros son chéveres, me apoyan, igual los profesores y directivos.

“Soy buena estudiante. Me gusta la historia y la geografía y el castellano, me da en la cabeza el inglés. Pero ya lo estoy aprendiendo bien (risas). En clase soy seria cuando toca, pero hay momentos de recocha cuando está como tediosa la clase. Pero molestamos un poquito no más ja ja ja ja”.

En sus ratos libres le gusta leer novelas, escuchar música salsa –“y me defiendo bien bailando ja ja ja ja”-; le gusta ir a los parques y hace otros ejercicios. También le gusta el atletismo, el fútbol (hincha del América), ve muchas películas en casa “porque es el mejor teatro que hay, en primera fila y muy cómodo”.

Aunque le ha tocado enfrentar la cultura machista acá “porque dizque esto es para hombres, en varias ocasiones les he demostrado a los compañeros y amigos que nosotras las mujeres también podemos, que tenemos condiciones para lograr lo que queremos. Y poder hacer el deporte que sea”.

Hoy, a punto de cumplir sus 17 años, tiene dos medallas de oro como campeona mundial juvenil: en 2016 en Penang, Malasia, y recientemente en 2017 en Bangkok Tailandia, ambas en arranque en los 53 kilogramos. “En Tailandia me ganó la ansiedad, no tuve coordinación. Pero vendrán cosas mejores, no lo dude”.

Yenny, quien se alista para el Mundial de Tokio, en junio, donde espera sacarse la espinita, se define así: “Me gusta poder viajar y conocer culturas, además de representar al país. Eso me apasiona. Y me considero valiente, porque dejé todo por venir a buscar mi sueño”.

Carlos A. Gracia B.

Periodista
OFICINA ASESORA DE COMUNICACIONES Y PRENSA IDRD
 

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